Declaración de principios. La cultura: escudo y espada de la nación.

 

A mí me gusta compay

vivir aquí donde vivo.

Sé que de todo no hay

pero a pesar de todo eso

aquí tengo causa y motivos

(…)

Eduardo Sosa

Se hace menester, en medio de los acontecimientos dados en los últimos días y que se han propagado cual cáncer en las redes (igual de invasivo e igual de dañino), hacer un alto en la publicación de noticias relativas al ambiente cultural del territorio para hacer una suerte de declaración de principios en nombre de los trabajadores del sectorial de cultura. Aún así, esta nota califica como cultural, dado que “cultura”, en su definición más amplia, es el conjunto de rasgos que caracteriza a una sociedad. La cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo, es la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos de valores y efectuamos opciones (UNESCO, 1982: Declaración de México).

Para escribir no se han tenido en cuenta las opiniones de un grupo aislado, aunque algunos elementos se placen proclamando que solo se entrevistan cuadros para emitir criterios y no es así: aquí se respeta la opinión de cada cual siempre que se haga de forma respetuosa y bien intencionada. Se han entrevistado trabajadores de diferentes grupos etarios, sexo, raza, procedencia, filosofía de vida y han surgido de estas entrevistas un sinnúmero de opiniones, pero en su totalidad, siguiendo la misma línea de pensamiento. En Cuba no hay que pensar del mismo modo: somos una sociedad heterogénea, pero tanto dudas como reclamos deben hacerse de la forma correcta. ¿Por qué en tiempos en que cada día se reportan más contagios y se redobla el esfuerzo del personal de salud (que se está jugando la vida) existe un grupo que deciden salir a las calles a aumentar el riesgo de contagio perjudicando incluso a los que aman? No se nota en esas acciones la capacidad reflexiva, el compromiso con la vida. Todo cubano es consciente de la situación de esta isla bloqueada, ¿habrán reflexionado en que incluso potencias primermundistas con todas las ventajas y ninguna restricción comercial se han visto en situación de crisis en el marco de la pandemia? Nos gustan las cifras, pero ¿por qué no han comparado los manifestantes las cifras de mortalidad de Cuba con las del mundo? Quizás si se hubieran detenido a hacerlo se hubieran agradecidos y convencidos de que estar en casa y abogar por las soluciones desde dentro era la mejor opción: al fin y al cabo, muchos de los problemas radican en las mismas personas que en lugar de solidarizarse y disciplinarse, acaparan y se lucran con las necesidades de sus propios coterráneos. ¿Podrá vanagloriarse de su humanidad la persona que agrede a un agente del orden público que solo está cumpliendo con su trabajo (lo mismo que cada uno de nosotros)? Tratar de lapidar a otro ser humano no es racional: apedrear es de animales no racionales. Violentar los vehículos de los agentes del orden público no es un acto de heroísmo: es un acto vandálico. ¿Será crítica al gobierno destruir tiendas y saquearlas?: ¡No, eso es robo oportunista! Y no solo perjudican al gobierno (que tendrá que destinar fondos que podrían emplear en comprar insumos que satisfagan las demandas sanitarias, en reparar los destrozos generados por esta degeneración de humanidad) perjudican a cada persona. A todos nos incomodan los “apagones”, pero nadie protesta cuando en el centro de aislamiento u hospital en que se les trata y vacuna, de forma gratuita, no falta la electricidad. Incluso es ilógico sentirse afectado por el déficit energético y vandalizar tendidos eléctricos (como también se ha hecho). Se protesta por la alimentación, pero de forma sistemática (en medio de nuestra difícil situación) se trata de que el pueblo tenga lo necesario para alimentarse. Existen inconformidades… en cada país existen inconformidades: en Cuba al menos se es transparente con las causas que generan las inconformidades, pero ¿se valora lo que hace el gobierno por, con nuestros medios bloqueados, tratar de sacar a flote el país?

La filosofía predominante debería ser hacerse parte de la solución y no del problema. He escuchado incluso a algún joven decir: _Con el trabajo que se ha pasó para alfabetizar y hay personas actuando como analfabetos. ¿Qué compromiso ético pueden tener quienes piden la cacareada Intervención Humanitaria si han entendido que las balas “humanitarias” que piden, vienen sin nombre a limpiar el camino? Es triste ver como elementos externos se han aprovechado de una situación que ni siquiera viven y han promovido tan fácil una lucha del pueblo contra el pueblo, de personas que sí comparten la misma situación y que deberían, en lugar de complejizarla, tratar de mejorar codo con codo. Es así que nos circunscribimos al exergo que da inicio a esta nota (fragmento de la canción del c, Eduardo Sosa): sabemos que de todo no hay; pero aquí tenemos causa y motivo, y el sectorial de la cultura se reafirma en la posición de fungir como escudo y espada de la nación, no puede ser de otra forma si sabemos de valores.

Por Jeanne F. Domenech: comunicadora de Casa de la Cultura José de la Luz y Caballero.

 

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